Denis Chuzhoi es capaz de ver en las turbulencias domésticas y políticas algo más que material para chistes. Sus conciertos son como crónicas de una época en la que la emigración, la censura y el eterno sentimiento de ser de segunda clase se convierten en temas no trágicos, sino casi absurdamente cotidianos.
Los temas principales son las guerras internas, las búsquedas burocráticas y la alienación silenciosa familiar a cualquiera que haya intentado alguna vez ser extraordinario en un mundo donde nadie lo esperaba. Incluso la PlayStation y las batallas familiares son mínimas en escala pero prometedoras en su nivel de ironía.
Alien tiene el raro superpoder de no fabricar heroísmo allí donde se puede admitir honestamente el cansancio, y reírse discretamente de lo que normalmente se oculta. El escenario es para él la última isla de libertad, donde la tristeza y el sarcasmo dejan de ser contradictorios.