Cuando la tristeza y la soledad se convierten casi en una filosofía y los detectives en una ocasión para el sarcasmo, este concierto nos recuerda que crecer no es cuestión de alegría, sino de constantes compromisos con uno mismo y con el mundo. Entre las historias de taxistas agentes, dramas familiares y extraños planes de amistad se desliza la tranquila ansiedad de una época en la que incluso el humor es un intento de no volverse loco. Una mirada irónica a la inmigración, la infancia y la adopción no escapa a la sensación de que todos estamos en una especie de bucle temporal en el que la libertad es un invitado poco frecuente.