Max Evdokimov es un cómico que no busca salidas fáciles, porque vive donde nunca las hubo. Sus conciertos son una crónica de su lucha contra lo absurdo de la vida cotidiana: hay esperas tan largas como un atasco, y ahorrar dinero como un deporte nacional.
En lugar de respuestas, hay un asombro sincero ante el callejón sin salida filosófico que surge de una cola cualquiera en una policlínica. Yevdokimov es observador pero no confía ni en sí mismo ni en la vida, lo que significa que cada uno de sus monólogos es el propio "aún no me he rendido", pero tampoco espera especialmente ganar.
Lo principal de su humor es la capacidad de reírse del hecho de que ya no estamos ni en la salida ni en la meta, sino en algún punto intermedio, viendo cómo la esperanza vuelve a echarnos de menos.