Alexander Dolgopolov es un cómico con un olfato característico para lo absurdo, las trampas burocráticas y la interminable ansiedad del emigrante. Sus conciertos son una crónica amable pero despiadada de la vida en un mundo en el que incluso un pasaporte ordinario se convierte en una búsqueda existencial, y los errores mundanos del sistema de inmigración en una ocasión para la ironía y el escepticismo.
Dolgopolov no tiene prisa por tranquilizar o entretener a toda costa: su humor es una forma de sobrevivir en una época de noticias bélicas, colas interminables y eternas preguntas sobre cómo encajar en una cultura extranjera con antecedentes rusos. Los temas principales van desde los dramas personales y los enfrentamientos con la burocracia europea hasta las cautas observaciones sobre sus propias cucarachas, el crecimiento y la pérdida de las ilusiones juveniles.
El humor es irónico, en cierto modo cansado - es la visión de un hombre para quien la sátira ha sido durante mucho tiempo no un pasatiempo, sino la última forma de terapia. Divertido, amargo, reconocible y no siempre optimista.