Sergey Orlov es un cómico que ha sacado el "interior" de la categoría de geografía y lo ha metido en la de ADN: nació en el pueblo de Deputatsky, en Yakutia, y empezó con el grupo local de monologuistas, que él mismo ayudó a formar. Luego se trasladó a Moscú y, como se ve, la dirección cambia, pero los hábitos, los miedos y los escenarios familiares se mueven sin maletas. Estas prisas muestran el estado de ánimo general: el crecimiento, que no llega "a tiempo", la pobreza y las normas de la calle como firmamento básico, la cultura de la violencia, las adicciones, la psicoterapia, la hipoteca, la fatiga y el eterno sentimiento de impostor en la propia vida. La idea más fuerte es "provincia genética": no un lugar, sino un clima interior que acecha incluso en la gran ciudad. Su tono es de amarga ironía, sin victorias morales ni deseos de caer bien. Es ese raro entretenimiento tras el cual no se hace "más fácil": sólo se articula con más precisión por qué fue duro como fue.