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Aina Musina

04.04.1984

Sobre el cómico

Aina Musina conoce bien el valor de los intentos de las mujeres por estar a la altura de las expectativas de la sociedad, las guerras domésticas y la eterna fatiga. En sus conciertos, los electrodomésticos se convierten casi en una persona nativa, y la igualdad en una quimera, de la que se suele hablar con sarcasmo más que con sincera esperanza. Las crisis de edad, las cejas desafortunadas y la edad adulta imaginada son sólo un oscuro sustrato para el humor que sobrevivirá incluso después de la centésima revisión de los deberes o del encuentro con un maníaco personal (también conocido como recordatorio de que las redes sociales no van de abrazos). En el mundo de Aina, el absurdo no es un síntoma, sino un diagnóstico: no se trata, sino que se vive con él y, por si acaso, se ríe a carcajadas. Lo principal aquí no son las ilusiones, sino el hábito persistente de reírse de las propias excusas. Esta es la honestidad y la fuerza del cómico: no se puede ocultar el cansancio, pero sí exponerlo y considerarlo un logro.

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