Alexander Merkul
01.09.1992
Sobre el cómico
Alexander Merkul pone en manos del espectador una lupa para examinar la comedia en la rutina más mundana: ya sean las batallas por un plato limpio, el plástico frente al sentido común o el trabajo en pareja, donde cada uno parece un extraño entre los suyos. Aquí, la vida familiar no es el calor del hogar, sino un frente de pensamientos tácitos y regalos pasivo-agresivos. Merkul domina el absurdo de la vida cotidiana: ya sea un viaje por Kazajstán con aventuras aéreas, o una búsqueda olímpica de la supervivencia en las relaciones y las redes sociales. El brindis principal de la velada es para quienes sobreviven en este caos no por gustar, sino por su propia sobriedad. Al final, su felicidad es la capacidad de no considerar demasiado pronto que todo lo que le rodea carece de sentido, y la ironía es la única ley universal de los adultos. La fuerza es la honestidad cínica, sin demasiado patetismo ni adornos rebuscados. Una obra de adultos cansados, donde hasta las palomas parecen más exitosas, y la verdadera lucha no es con el sistema, sino con uno mismo y los platos interminables.


