Andrei Beburishvili es un cómico que prefiere la honestidad a los fuegos artificiales de la vanidad. Sus conciertos tocan con ingenio los temas de la familia, el sexo, la soledad y esa famosa "vergüenza" que cada uno tiene la suya, ya sea un poema escolar o una ruptura adulta.
En sus nuevas piezas, no sólo hay una amable fatiga de viejos clichés, sino también un eterno desconcierto ante lo absurdo de nuestra vida cotidiana: una realidad en la que el intento de ser independiente a veces se parece más a un diagnóstico médico. Beburishvili no ofrece soluciones fáciles, pero ilumina magistralmente la sonrisa nerviosa con la que el país suele mirarse en el espejo.