La mirada cansada de Misha Kostretsov convierte los banales detalles cotidianos en una ocasión para el sarcasmo silencioso. En su concierto, hasta un perro sueña con huir lejos, con la amistad masculina, si no para degradarse, al menos para dormir.
Una colección de observaciones absurdas -desde las cabañas de sudor hasta los sueños del futuro- sonará como si fuera demasiado tarde para reírse, pero sigue siendo una pena no hacerlo.